Lo que más me gusta de esta ciudad es que a pesar de haber vivido tanto tiempo en ella no dejo de conocerla, y de enterarme de que muchos lugares que he visitado en otro tiempo tuvieron una función distinta.

Es el caso del Parque Lincoln, del que sé que tiene unos espejos de agua en los que los fines de semana la gente se divierte con barcos a escala, y que hay una sección de juegos infantiles que se ve fabulosa. Lo que no sabía es que en otro tiempo una sección fue una jaula que estuvo habitada por aves.

Esta jaula estará habitada de nuevo, y en sus 16 metros de alto se creará un ambiente artificial para que las cerca de 50 parejas de aves (entre faisanes, agapornis y ninfas) no sufran por el clima de la ciudad. A la estructura se le retirarán las lonas y se cambiarán las rejas desgastadas, se recubrirá la estructura, y habrá un sendero con acceso libre a personas en sillas de ruedas.

En conclusión, se creará un pequeño oasis dentro de la ciudad, que por momentos quedará olvidada en este lugar, a pesar de estar en una zona bastante transitada de Polanco: en Emilio Castelar, a un par de calles de la zona hotelera.

Hay que agradecer a la administración saliente de Miguel Hidalgo esta obra (y a Reforma por la noticia, aunque no pueda enlazarlos), y aunque tenga algunos detalles no me importará darme una vuelta de vez en cuando para olvidarme del mundanal ruido.