En incontables ocasiones he hablado de que no se toman medidas para aliviar los problemas que sufre la ciudad, ni por parte de las autoridades ni por parte de los que habitamos en ella. Pero en esta ocasión me dio gusto leer que, al menos por una vez, ambas partes estén cooperando para mejorar la situación. Se trata de utilizar el agua de lluvias, ya que desde el año pasado el Gobierno del Distrito Federal emitió las normas generales de ordenación, dentro de la Ley General de Desarrollo Urbano, en las que se estipula la obligación de que toda construcción nueva debe contar con un almacenamiento de agua pluvial y destinar, además, una parte de la superficie de la construcción a la filtración en el subsuelo del agua de lluvia.

Es decir, cada construcción nueva está obligada a contar con un sistema de captación de agua de lluvia, además de que algún espacio de ésta debe estar destinado exclusivamente a permitir la filtración, pero lo más importante es que quienes habiten un edificio deben estar conscientes de que deben esta pendientes de su funcionamiento, ya que parte de esta agua sirve para aprovecharla en el servicio de sanitarios, riego de los jardines y lavado de autos.

Ya que el mismo desarrollo de la ciudad ha impedido que se construyan grandes contenedores de agua de lluvia, la solución está precisamente en que cada casa-habitación cuente con un sistema que permita reciclar esta agua, en cantidades mucho menores, pero que sumadas pueden lograr una gran diferencia. Ese es el camino que debe seguir la ciudad: el pequeño esfuerzo de cada uno de nosotros, sumado, soluciona los grandes problemas.